Es infinita esta riqueza abandonada - Edgar Bayley



Edgar Bayley nació en Buenos Aires en 1919, bajo el nombre de Edgar Maldonado Bayley.

Fue poeta, dramaturgo, traductor y ensayista. Creador del "invencionismo" y del doctor Pi. Integró movimientos de vanguardia de la Argentina y participó en la dirección de las revistas Poesía Buenos Aires (1950-1960) y Zona de la Poesía Americana (1953-1954) dos revistas decisivas en la historia de la poesía de su país.




Su obra poética: En común, La vigilia y el viaje, Ni razón ni palabra, El dia, Celebraciones, Nuevos poemas, Alguien llama y Algunos poemas más.

Narrativa: Vida y memoria del doctor Pi.
Ensayos: Realidad interna y función de la poesía y Estado de alerta y estado de inocencia.
Piezas teatrales: Burla de Primavera, Farsa de Isopete, y el sastre y Dulioto.
Falleció en Buenos Aires en agosto de 1990.

Es infinita esta riqueza abandonada


Es infinita esta riqueza abandonada
esta mano no es la mano ni la piel de tu alegría
al fondo de las calles encuentras siempre otro cielo
tras el cielo hay siempre otra hierba playas distintas
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
nunca supongas que la espuma del alba se ha extinguido
después del rostro hay otro rostro
tras la marcha de tu amante hay otra marcha
tras el canto un nuevo goce se prolonga
y las madrugadas esconden abecedarios inauditos islas remotas
siempre será así
algunas veces tu sueño cree haberlo dicho todo
pero otro sueño se levanta y no es el mismo
entonces tú vuelves a las manos al corazón de todos de cualquiera
no eres el mismo no son los mismos
otros saben la palabra tú la ignoras
otros saben olvidar los hechos innecesarios
y levantan su pulgar han olvidado
tú has de volver no importa tu fracaso
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada
y cada gesto cada forma de amor o de reproche
entre las últimas risas el dolor y los comienzos
encontrará el agrio viento y las estrellas vencidas
una máscara de abedul presagia la visión
has querido ver
en el fondo del día lo has conseguido algunas veces
el río llega a los dioses
sube murmullos lejanos a la claridad del sol
amenazas
resplandor en frío
no esperas nada
sino la ruta del sol y de la pena
nunca terminará es infinita esta riqueza abandonada


Obra poética, Corregidor, Buenos Aires, 1976

 


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