La carta - José Luis González



José Luis González nació en Santo Domingo, República Dominicana, en 1926. Su  padre era puertorriqueño y su madre, dominicana.
Ensayista, narrador y periodista, portorriqueño, recibió el Premio Xavier Villaurrutia 1978, con la novela Balada de otro tiempo (México: Alfaguara, 1997), y también recibió dos premios nacionales en Puerto Rico. 
Falleció en 1997.
 Su Obra: En la sombra que habla con su perro, Cinco cuentos de sangre que nunco funcionaron, El hombre de la calle sin zapatos, Paisa. Un relato de la emgración cosmica, En el fondo del caño hay un negrito barbu, En este lado no paso nasa, La galería y otros cuentos sin sentido, Mambrú se fue a la guerra sin mí, Cuento de cuentos y once más del amor, En Nueva York y otras desgracias inoportunas, El oído de Dios, Las caricias del tigre, La caja de plomo que no se podia abrir, Balada de otro tiempo, La llegada. 
Ensayos, memorias: Poesía negra de América, Conversación con José Luis González, El país de cuatro pisos y otros ensayos, La luna no era de queso. Memorias de infancia, Literatura y sociedad de Puerto Rico. De los cronistas de Indias a la Generación del 98, Nueva visita al cuarto piso.


La carta

San Juan, puerto Rico
8 de marso de 1947

Qerida bieja:

Como yo le desia antes de venirme, aqui las cosas me van vién. Desde que llegé enseguida incontré trabajo. Me pagan 8 pesos la semana y con eso bivo como don Pepe el alministradol de la central allá.

La ropa aqella que quedé de mandale, no la he podido compral pues quiero buscarla en una de las tiendas mejores. Digale a Petra que cuando valla por casa le boy a llevar un regalito al nene de ella.

Boy a ver si me saco un retrato un dia de estos para mandálselo a uste.

El otro dia vi a Felo el ijo de la comai María. El está travajando pero gana menos que yo.

Bueno recueldese de escrivirme y contarme todo lo que pasa por alla.

Su ijo que la qiere y le pide la bendision.


Juan




Después de firmar, dobló cuidadosamente el papel ajado y lleno de borrones y se lo guardó en el bolsillo de la camisa. Caminó hasta la estación de correos más próxima, y al llegar se echó la gorra raída sobre la frente y se acuclilló en el umbral de una de las puertas. Dobló la mano izquierda, fingiéndose manco, y extendió la derecha con la palma hacia arriba.

Cuando reunió los cuatro centavos necesarios, compró el sobre y el sello y despachó la carta.


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